El año de los huracanes
Los especialistas en huracanes esperaban una temporada en el
Atlántico muy movida, pero se han superado todas sus previsiones. No solo ha
habido más sistemas tropicales con nombre –18 hasta la fecha– que el máximo
pronosticado, sino que también ha sorprendido la rápida intensificación sufrida
por algunos de ellos, el tiempo récord que se mantuvieron varios huracanes con
las categorías 4 y 5 –las más altas– o las grandes cantidades de lluvia
acumuladas en algunos lugares, lo que provocó inundaciones catastróficas. Todos
estos hechos apuntan al cambio climático como la principal causa del
comportamiento observado.
Imagen nocturna
visible e infrarroja captada por el satélite Suomi NPP el 8 de septiembre. Se
observan simultáneamente, de izquierda a derecha, los huracanes Katia, Irma y
José Imagen nocturna visible e infrarroja captada por el satélite Suomi NPP el
8 de septiembre. Se observan simultáneamente, de izquierda a derecha, los
huracanes Katia, Irma y JoséNOAA/NASA
A falta de algo más de dos semanas para que concluya la
temporada oficial de huracanes en el Atlántico (lo hará el próximo 30 de
noviembre), puede ya afirmarse que la temporada 2017 será una de la más activas
desde al menos mediados del siglo pasado, que es cuando se empezó a disponer de
observaciones detalladas de todos los sistemas tropicales. A los especialistas
en huracanes no les ha sorprendido tanto el número de ellos que se han formado
en aguas del Atlántico, sino el número que han alcanzado las categorías altas
(3, 4 o 5) –los conocidos como ‘majors’ o huracanes mayores– y, sobre todo, los
procesos de rápida intensificación que han tenido lugar en varios de ellos.
Cronología
La pasada primavera, antes de que el 1 de junio comenzara
oficialmente la temporada, el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos
(NHC), dependiente de la NOAA, dio a conocer su predicción sobre el
comportamiento esperado de la temporada ciclónica. Ellos vaticinaban la
formación de entre 11 y 17 sistemas tropicales con nombre, de los que entre 5 y
9 llegarían a ser huracanes, y de estos entre 2 y 4 serían de categoría igual o
superior a 3. A fecha de hoy, el balance arroja las siguientes cifras: se han
formado un total de 18 sistemas tropicales (uno más que el número más alto del
intervalo que barajaba el NHC), de los que uno fue depresión tropical, 7
tormentas tropicales y 10 huracanes, 6 de los cuales fueron mayores, superando
todas las expectativas.
Desde finales de agosto hasta finales de septiembre, la
actividad ciclónica en la franja tropical del Atlántico fue frenética, sin que
existan demasiadas referencias de algo parecido en los archivos históricos de
la NOAA. Durante ese periodo, de poco más de un mes, se formaron nada menos que
5 huracanes mayores: Harvey, Irma, José, Lee y María, cuyos nombres nos
resultan muy familiares, ya que fueron noticia en los medios de comunicación de
todo el mundo, debido a sus devastadoras consecuencias.
Houston, bajo las aguas
Hacia el 20 de agosto saltaron las alarmas. La trayectoria
prevista de la, por aquel entonces, tormenta tropical Harvey la dirigía hacia
la península de Yucatán, en México, una zona con una alta ocupación turística
en verano. A su paso por allí, Harvey se desinfló y no causó grandes daños,
pero al cruzar la península y situarse sobre las aguas del golfo de México, en
apenas un par de días se intensificó muy rápidamente, a la vez que enfiló hacia
el sur de Texas. Llegó a alcanzar la categoría 4 al impactar sobre tierra, el
26 de agosto, dando lugar a unas inundaciones catastróficas sin precedentes en
la zona. Lo más llamativo de ese huracán y tormenta tropical fue todo el tiempo
–más de una semana– que se mantuvo prácticamente anclado sobre el sur de Texas
y zonas próximas de Luisiana, provocando unas acumulaciones de lluvia
extraordinarias, con las consecuencias devastadoras que pudimos ver en
televisión. Las imágenes de la ciudad de Houston anegada, con miles de personas
vagando por aquellos improvisados canales, con el agua a la cintura, nos
recordaron las escenas que se vivieron en Nueva Orleans doce años antes –en
2005–, tras el paso del huracán Katrina.
Inundaciones catastróficas en Houston, los días 25, 26 y 27
de agosto, a causa de las lluvias acumuladas debidas a Harvey. Nya Åland
El comportamiento poco habitual de Harvey llamó la atención
de los expertos en huracanes, si bien fue anticipado por los modelos de
predicción, que días antes del impacto en tierra ya mostraban esa singularidad.
Las autoridades de EE. UU. reaccionaron con pasividad ante esos primeros
pronósticos, ya que, de haberlos tenido más en cuenta, seguramente se podrían
haber evitado muchos dramas humanos vividos en Houston y alrededores esos días,
cuando las principales vías de escape de la ciudad quedaron anegadas,
impidiendo la salida de centenares de miles de personas que, de haber sido
advertidas un par de días antes, hubieran escapado a tiempo de la ciudad.
El Caribe, devastado por partida doble
Los últimos coletazos de Harvey en agosto coincidieron en el
tiempo con la formación, en mitad del Atlántico, de la depresión tropical Irma,
a principios de septiembre, que pronto se convirtió en un devastador huracán.
Irma batió todos los récords. Durante 37 horas generó vientos sostenidos de 300
km/h y mantuvo la categoría 5 (la máxima) durante tres días seguidos, algo
nunca antes observado en un ciclón tropical, al menos desde 1966, año en que se
inició la era de los satélites. La trayectoria de Irma lo llevó a cruzar todo
el Caribe: devastó en su totalidad algunas de las Antillas Menores, como la
isla de Barbuda; causó grandes destrozos en el norte de Cuba; y también provocó
inundaciones catastróficas en Florida (EE. UU.), donde llegó el 10 de
septiembre y donde volvió a dejar imágenes impactantes como las de Houston de
apenas dos semanas antes.
Irma en falsos colores, en el momento en que su ojo
atravesaba, el 6 de septiembre, la isla de Barbuda, en las Antillas Menores,
que quedó devastada en su mayor parte. Universidad de Wisconsin, CIMSS
El área caribeña no se había recuperado del terrible golpe
de Irma cuando una nueva tormenta tropical se formó en mitad del Atlántico y,
al igual que Irma, puso rumbo hacia las Antillas Menores. El 16 de septiembre
empezaba su periplo la tormenta tropical María, que rápidamente adquirió
también la condición de gran huracán. María se cebó particularmente con Puerto
Rico, donde impactó de lleno el día 20 como un huracán de categoría 4, algo que
no ocurría en la isla desde 1932. Las consecuencias fueron trágicas; se
produjeron más de una treintena de fallecidos y grandes destrozos, con unas
pérdidas multimillonarias. El 70% de la población se quedó sin suministro
eléctrico. Una catástrofe de enormes dimensiones, como las vividas en muchos
otros lugares del Caribe durante el aciago mes de septiembre de 2017.
Ophelia enfiló hacia Europa
Imagen infrarroja del huracán Ophelia, captada por el
satélite Terra de la NASA el 14 de octubre. En ese momento, el huracán tenía
categoría 3 y se situaba al sur de Azores. NASA
Ya metidos en el mes de octubre, dejando atrás la época del
año en que se forman más huracanes en el Atlántico, todo apuntaba a un final de
temporada más tranquilo, ya sin sobresaltos, pero llegó una nueva sorpresa. El
9 de octubre se formó en mitad del Atlántico otra tormenta tropical. Hasta ahí
todo normal, pero pronto los modelos predijeron que su trayectoria la llevaría
hacia Europa en lugar de hacia América, que es lo habitual. No es la primera
vez que un sistema tropical tiene una trayectoria retrógrada y que, en lugar de
dirigirse hacia el Oeste, enfila al Este (queda fresca en nuestra memoria la
tormenta tropical Delta, que el 28 de noviembre de 2005 pasó por el norte de
las Islas Canarias). En el caso que nos ocupa, la tormenta tropical Ophelia
–ese es el nombre que recibió, tomado de la lista oficial de nombres preestablecida
para la presente temporada por la Organización Meteorológica Mundial (OMM)– no
tardó mucho en convertirse en huracán y, al igual que les ocurrió a otros
huracanes precedentes, aumentó rápidamente de categoría hasta alcanzar la
categoría 3, convirtiéndose en el sexto ‘major’ de la temporada. Tras pasar por
el sur de las Azores, se dirigió hacia Irlanda, produciéndose en ese trayecto
su transición hacia un ciclón extratropical; una profunda borrasca que provocó
un gran temporal marítimo a su paso. En su máximo acercamiento al noroeste de
la península ibérica, generó un marcado flujo de vientos cálidos y secos del
Sur, lo que coincidió con la oleada de incendios forestales que tuvieron lugar
en Galicia, Asturias y la vecina Portugal, de dramáticas consecuencias.
Huracanes y cambio climático
¿La frenética temporada de huracanes de 2017 es una
consecuencia del cambio climático? Hay varios indicadores que parecen apuntar a
la respuesta afirmativa; a que esa relación causal existe, aunque no es algo
tan evidente como pudiera parecer a simple vista. Los registros históricos
indican que ha habido algunas otras temporadas en el pasado en las que también
hubo bastantes huracanes, con una proporción también grande de los de
categorías altas.
Pensando en la presente temporada, la relación con el cambio
climático puede existir en clara conexión con el calentamiento global, ya que
la temperatura de la superficie del mar no es ajena al citado calentamiento y
se observan cada vez más lugares de la superficie marina con anomalías cálidas.
Ese factor contribuye a la intensificación de los huracanes, pero no es el
único. Hay otros, como los vientos que soplan a determinadas altitudes, que son
también importantes en los procesos de desarrollo de los huracanes.
Cada vez hay más voces autorizadas que apuntan a que la
conexión entre el comportamiento de los huracanes y el cambio climático existe
y no se puede obviar. Desde la OMM, se afirmaba recientemente que el cambio
climático significa que cuando tenemos un huracán como Harvey, es probable que
las cantidades de lluvia sean más altas de lo que hubieran sido de otra manera,
sin la inyección de calor y humedad adicionales que propicia el escenario de
calentamiento global en el que nos encontramos. El caso de los huracanes con trayectorias
retrógradas, como Ophelia, seguirá siendo poco probable en el futuro, pero
cuando se forme alguno, será más probable que evolucione por zonas de la
superficie del mar donde el agua esté lo suficientemente cálida para favorecer
el desarrollo del sistema ciclónico.





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